Leer la maqueta y convertirla en planos de taller
La maqueta suele llegar a escala 1:25 o 1:20, a veces en cartón pluma y a veces montada dentro de una caja escénica que reproduce la embocadura del teatro donde va a verse. Es un objeto de escenografía, no un documento de construcción: dice cómo debe verse la escena desde la platea, pero calla casi todo lo que el taller necesita saber. Traducirla es la primera tarea real.
Esa traducción consiste en preguntarle a la maqueta cosas que no responde sola. Qué hay detrás de cada plano. Dónde se corta una pieza para que quepa por la puerta del taller y por la del teatro. Qué se ve de verdad desde las últimas filas y qué se pierde. Cuántas manos hay para mover cada elemento y de cuántos minutos se dispone entre un cuadro y el siguiente.
Lo que conviene fijar antes de cortar nada
- Escala de trabajo y medida real de la boca del escenario, con altura libre hasta el peine.
- Línea de suelo y cotas de todo lo que se pisa: alturas de practicables, huella y contrahuella de escaleras.
- Despiece en módulos transportables, con el ancho máximo condicionado por puertas, montacargas y camión.
- Cara vista de cada pieza y cara de trabajo, para no acabar montando un bastidor del revés.
- Puntos de unión entre módulos y orden de armado, numerados en el propio plano.
- Acabado previsto, porque una pared que llevará papel maché no se forra igual que una que irá pintada a pincel seco.
Del conjunto salen tres dibujos que se usan a diario: planta general con la posición de cada elemento, alzados acotados de cada módulo y detalles constructivos de las uniones que no son obvias. Con eso ya se puede hacer la lista de materiales y calcular cuánta madera se pide.